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quinta-feira, maio 08, 2025

El Poder del Perdón

                                                                    



En el Evangelio de Lucas, capítulo 15, versículos 11 al 32, Jesús relata una de las parábolas más poderosas y conmovedoras de la Biblia: la Parábola del Hijo Pródigo. Esta historia no trata solo de un hijo rebelde que desperdicia su herencia, sino de un padre amoroso que representa la gracia, la misericordia y el perdón.

Un Hijo que se Extravía

La parábola comienza con el hijo menor exigiendo su parte de la herencia, un acto irrespetuoso y culturalmente ofensivo. Al hacerlo, básicamente le dice a su padre que preferiría que estuviera muerto. Luego de recibir la herencia, se marcha y lo malgasta todo en una vida desenfrenada. Cuando llega una gran hambruna, termina hambriento y trabajando como cuidador de cerdos, una ocupación humillante para un judío.

Un Corazón Arrepentido

En su momento más bajo, el joven "entra en razón" y decide volver a casa, no como hijo, sino como sirviente, con la esperanza de que su padre al menos le dé de comer. Este momento de humildad y toma de conciencia marca el inicio del arrepentimiento: el reconocimiento del error y el deseo de cambiar.

El Abrazo del Padre

Cuando el hijo aún estaba lejos, el padre lo vio, corrió hacia él y lo abrazó. Esta es una de las imágenes más hermosas del amor de Dios por nosotros. El padre no esperó una disculpa; corrió, lo abrazó y lo besó. Lo restauró de inmediato y mandó celebrar una fiesta. Esto muestra que la gracia de Dios no se gana —se da gratuitamente.

La Lucha del Hermano Mayor

El hijo mayor, que había permanecido fiel, se enoja y se niega a participar en la fiesta. Su amargura revela otro tipo de perdición: un corazón que obedece sin amor ni compasión. El padre le recuerda que todo lo que tiene es suyo, pero que era necesario celebrar, porque el hijo perdido había sido encontrado.

El Mensaje para Nosotros

Esta parábola nos enseña que nadie está fuera del alcance de la redención. Dios siempre espera con los brazos abiertos que regresemos. Ya sea que nos identifiquemos con el hijo rebelde o con el hermano mayor, el llamado es el mismo: vuelve al Padre y permite que Su amor transforme tu vida.

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